| Amenaza acústica |
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| Noticias de Ambiente Familiar - Noticias - Talleres |
| Escrito por Álvaro Matía - Periodísta ambiental |
| Lunes, 14 de Junio de 2010 15:25 |
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Siempre que comenzamos un taller, se pide a los alumnos que griten todo lo fuerte que puedan. Incluso que pataleen. Es una manera de desahogarse y de liberar adrenalina para que el resto de la clase estén más calmados y en silencio para hacer el mayor número de actividades posibles. Y siempre funciona. Pero los alumnos del colegio Apostolado parece que se quedaron con más ganas de gritar y de hacer más ruido.
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Los talleres del proyecto Ambiente Familiar están concebidos para que el alumnado aprenda pero también para que se lo pase bien y se divierta haciendo las actividades. Por ello, es muy importante su participación en cada una de las demostraciones y experimentos que se llevan a cabo. No siempre es posible sacar a toda la clase, pero siempre se intenta que participe el mayor número de voluntarios posibles y, además, siempre hay uno o dos juegos en los que participa todo el alumnado a la vez, que suelen ser los más divertidos y los más… ensordecedores.
Ocurrió en taller de ‘Movilidad sostenible’ cuando los divulgadores científicos trataban el tema de la contaminación acústica y de los daños que éstos causan en el ser humano. Para que comprobaran lo molesto que era el ruido en algunas ocasiones, se les entregó una serie de instrumentos y cachivaches para que, con ellos, toda la clase a la vez, hiciera el mayor estruendo posible. Le pusieron muchas ganas, tanto que alguno quería salirse de clase porque no podía soportarlo. Tanto se involucraron con la actividad, que hubo quien cogió y agitó el material con tanta fuerza que acabo rompiéndolo. Hubo trozos que saltaron por los aires. Lo que en principio iba a ser una ‘amenaza’ acústica se convirtió en casi una ‘amenaza’ de piezas de instrumentos. Por suerte, no hubo que lamentar daños.








