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May 04
2010
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La educación ambiental en el hogar - INTRODUCCIÓNEscrito por: Carlos en CientÃficos y colaboradores Etiquetado en: risa , problemas ambientales , naturaleza educación y vida , internet , educador ambiental , educación secundaria , educación primaria , educación infantil , educación ambiental , docentes , colegio , cientÃficos , aprendizaje significativo , AMPA , ambiente familiar , alumnado , agenda 21 escolar
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A lo largo de estos últimos años hemos recibido mucha información sobre la repercusión que la acción humana está teniendo sobre el medio ambiente. Los medios de comunicación y las diferentes asociaciones ecologistas que nos rodean invierten mucha energía en dar cobertura a noticias que abordan el problema ambiental, y hoy por hoy las personas que vivimos en sociedades desarrolladas estamos familiarizadas con conceptos tales como cambio climático, recursos naturales limitados, energías renovables, impacto ecológico, etc.
Sabemos que la especie humana siempre ha interaccionado con el medio para obtener los recursos que necesita para vivir. Entonces, ¿por qué existen tantos problemas ambientales ahora?
Echemos un vistazo atrás en el tiempo… ¿consumíamos tantas cosas antes como consumimos ahora? ¿Producíamos tantos residuos? ¿Y la contaminación?
A partir de la segunda mitad del siglo XX, la producción de bienes y el consumo han aumentado exponencialmente. La cantidad y variedad de productos aumenta cada día y, al mismo tiempo, su vida útil disminuye. Este incremento en la producción de bienes tiene como consecuencia una mayor extracción de recursos naturales y un mayor gasto de energía, así como un aumento de la cantidad de contaminación y residuos. Y cada vez somos más en el planeta que queremos llevar este estilo de vida consumista.

¿Por qué tantos problemas ambientales? Básicamente porque nuestro planeta no puede soportar semejante ritmo de consumo y de contaminación, así que las consecuencias son ya claramente visibles (efecto invernadero, cambio climático, disminución de la capa de ozono…). Imagínense que intentásemos vivir con nuestro sueldo medio como si fuésemos millonarios, ¿qué pasaría? Que aunque quizá podríamos permitírnoslo durante un tiempo, al final acabaríamos con nuestros recursos económicos y llegarían las deudas… Así que vivir por encima de nuestras posibilidades no lleva a otro sitio que a la quiebra.
Actuamos de manera irracional al despreciar o ignorar las repercusiones que sobre el medio ambiente tiene nuestro modo de vida. Al hacerlo, actuamos como si fuera “nuestro” y pudiéramos disponer de él a nuestro antojo (y destruirlo si queremos, como un niño puede destruir su juguete), pero la realidad es que no es “nuestro” y no deberíamos disponer de él como si lo fuera. Nuestro mundo nos ha “sido prestado” a nuestra generación igual que lo fue a las anteriores, pero también pertenece a las generaciones venideras, y tenemos la responsabilidad de hacérselo llegar de la mejor manera posible. Y si seguimos así… ¿qué legado vamos a dejarles a nuestros hijos e hijas?
Es fácil caer en el error de pensar que poco podemos hacer nosotros, que son “otros” los que tienen que cambiar (las industrias, los políticos…), y que hasta que eso suceda, nosotros podemos seguir dilapidando recursos y generando enormes cantidades de basura. También nos cuesta relacionar nuestro alto grado de consumo con el uso intensivo de los recursos naturales, la utilización de nuestro coche con el efecto invernadero o el precio del café con los injustos intercambios comerciales entre la parte rica y la parte pobre del planeta. Pero la realidad es que existe una relación directa entre nuestro estilo de vida y los problemas ambientales, y con nuestra conducta personal aumentamos o disminuimos el resultado.
¿Y qué podemos hacer en nuestra vida cotidiana para mejorar nuestro medio ambiente? No hace falta ir al Polo Norte para salvar a los osos… Existen pequeñas acciones diarias que pueden tener grandes repercusiones en la salud de nuestro medio. Estas acciones, convertidas en hábitos, son un buen “manual de buenas prácticas” para nuestros hijos/as, que serán los adultos del mañana. Es este el primer gran objetivo de esta guía: ayudar a los padres a transmitir una educación ambiental basada en el respeto al medio ambiente y en la utilización racional y solidaria de los recursos. De este modo, continuaremos la educación ambiental que ya reciben en el colegio.
Pero este noble objetivo no estará exento de dificultades, pues para poder hacerlo será necesario cambiar los hábitos de consumo y de funcionamiento de las familias, y esto no siempre es fácil. De hecho, casi nunca lo es, y para poder conseguirlo es necesario saber perseverar y mantenerse motivado. Y para mantenernos motivados es importante tener la sensación de que recibimos beneficios también a nivel personal, y no sólo los derivados de nuestra contribución como pequeños “soldaditos ecológicos” al esfuerzo común medioambiental.
Desde luego es un beneficio en sí mismo el que las familias tomemos conciencia de que podemos contribuir con nuestro granito de arena y nuestro esfuerzo a mejorar el mundo que nos rodea, pero los beneficios pueden ser mucho más cercanos y personales de lo que a primera vista podríamos pensar. Es muy lógico que los padres se planteen preguntas como estas:
· ¿Qué valor educativo tiene implicarnos nosotros mismos y a nuestros hijos en actividades enfocadas a fomentar la salud y el respeto al medio ambiente?
· ¿En qué contribuyen dichas actividades para mejorar o enriquecer las relaciones entre los miembros de mi familia?
· ¿Qué valores éticos o morales hay implícitos en la adopción de tales estrategias?
· ¿Qué repercusiones psicológicas pueden tener tales actitudes y tareas en mis hijos o en nosotros mismos como padres?
Para responder a estas preguntas es necesario abordar el tema desde una perspectiva más psicológica que ecológica o medioambiental. Y así entramos en el segundo objetivo principal de esta guía, que es ayudar a las familias a entender qué beneficios personales y familiares pueden obtener al poner en marcha las estrategias propuestas en ella y de qué manera aplicar las dinámicas y reaccionar ante las dificultades, para poder perseverar en su objetivo y en el cambio de sus hábitos.
La mayoría de las pautas educativas son generalistas, de modo que nos sirven no sólo para implantar en nuestra familia nuevos hábitos relacionados con el medio ambiente. También nos servirán para ayudar a nuestros hijos y a nosotros mismos a:
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Beneficios para cada miembro de la familia |
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· Solucionar problemas personales e interpersonales. · Mejorar la autoestima y valoración personal. · Modificar el mal comportamiento y la reactividad de padres e hijos. · Mantener la motivación hacia las tareas y hacia la asunción de nuevos retos personales. · Desarrollar habilidades sociales y empatía. · Desarrollar un buen sistema de valores personales y aprender a ser respetuosos con los demás. |
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Beneficios para el sistema familiar |
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· Mejorar la calidad de la relación entre padres e hijos, y facilitar unas interacciones más positivas y enriquecedoras. · Reducir la conflictividad y la frustración educativa. · Instaurar nuevas normas de comportamiento en casa y saber cómo hacer que se respeten, sin hacer daño a los hijos ni a las relaciones con sus padres. · Ayudar a los padres a ser un modelo educativo adecuado para sus hijos. · Identificar áreas personales en las que podemos mejorar. |
Hemos dividido la guía en dos bloques bien diferenciados. El primero abordará las cuestiones psicológicas y educativas necesarias para obtener tales beneficios y poder poner en marcha el proyecto educativo medioambiental de forma adecuada. El segundo, incluirá el programa medioambiental propiamente dicho.
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Con ésta introducción comenzamos la publicación quincenal de los capítulos correspondientes al libro de consulta: “La Educación ambiental en el Hogar”, editado por la empresa Naturaleza, Educación y Vida.
Este libro ha sido escrito por Carlos Mata Casafont, psicólogo especialista en la conducta infantil (ver su perfil y C.V. en la RISA), en el que desarrolla una serie de reflexiones y propuestas para que las familias podamos analizar fácilmente los hábitos y conductas ambientales de todos los miembros, comprender la repercusión de nuestras acciones sobre los demás y aprender a corregir, de manera individual y colectiva, aquellas que estén perjudicando nuestro medio ambiente, y por consiguiente, la salud y calidad de vida de nuestra familia.
La principal aportación del libro será plantear la educación ambiental en el hogar como una excusa perfecta para establecer nuevos vínculos afectivos entre los miembros de la familia.
Asumiendo compromisos y responsabilidades, respetando y obedeciendo las ideas y opiniones de los demás, estableciendo nuevos roles, pero sobre todo, compartiendo los grandes beneficios y alegrías que reporta un comportamiento ambiental responsable; como la colaboración en las tareas del hogar, el ÉXITO FAMILIAR de ver florecer una planta cuidada por los pequeños de la casa, el ahorro económico…
Carlos se encargará de publicar cada quince días un nuevo capítulo, con la intención de que podáis participar de una manera activa, con vuestros pripios comentarios y opiniones sobre cada tema propuesto.























